Los Gallos de la pelota cubana definitivamente no son finos

6 Jun

ImagenDefinitivamente, parece queda demostrado que Sancti Spiritus no es un equipo de final. En otras palabras, los Gallos no son finos, como dirían mis amigos Abelardo y Osmani, dos especialistas en esa materia.

Y es que tienen peloteros de calidad, integrantes de equipos Cuba, jugadores que han madurado año tras años, que rinden y se meten en play off, pero que una vez allí no aguantan la presión y terminan cediendo ante el rival, incluso, como ahora, con una ventaja inicial de 2-0 cuando comenzaron con Matanzas este play off semifinal.

No son buenos los Gallos de la pelota cubana para estas etapas, y que me perdonen sus seguidores, que se son muchos, pero se huyen, brincan la valla y decepcionan a sus parciales, que desde hace más de una década sueñan con un “milagro”, mientras la gran realidad es que se les escapa el sueño anhelado a la vez que ven “envejecer” a toda una generación de muy buenos peloteros.

Y es que a la hora buena, a la hora de la verdad, los Gallos se aturden, ni cantan ni pican, solo giran y giran en la valla, y en las gradas la gente solo grita, ofende, maldice, aguardando estalle un brote contagioso de coraje, de vergüenza, que les devuelva la alegría de llegar a casa con un vuelco favorable en la pizarra y la esperanza de poder llegar y…al fin!!!, levantar la copa, que les ha sido esquiva en más de diez años.

Nunca estuvieron tan cerca al propósito como en aquella noche del 28 de junio de 2002 cuando discutían el título ante los Cachorros de Holguín en el estadio Calixto García, pero les faltó, justo en el ahora o nunca, lo que le sobraba a su rival, incluso, con una nomina más modesta, al menos en el papel: confianza, deseos inmensos de ganar y una buena dosis de esa palabra tan cubana y que nos acompaña en los grandes momentos.

Once años después la afición espirituana sigue llenando su valla, no porque creo su equipo lo merezca, pues es decepcionante en los finales, sino porque el cubano es de naturaleza religiosa y cree ciegamente en los milagros, además de que la pelota en algunos genera adicción, o se torna contagiosa como la gripe.

Una vez mas perdónenme los seguidores de Los Gallos, pero de veras que quisiera tener razones totalmente diferentes para poder cambiar mi opinión, pero no me incluyo dentro de los “creyentes” que desde las gradas o frente a la TV se aferran a la ilusión.

De cualquier manera, me gustaría pensar que cuando salgan nuevamente a su valla de “Huelga”, para enfrentar a los Cocodrilos de Matanzas, miraran a su alrededor y sentirán con vergüenza que la única forma de pagar tanta fe demostrada por sus seguidores en diez largos años de frustración, es ganar y ganar.

 

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