Dice Cepeda…

13 Nov

CepedaCamino a La Habana para participar en el Coloquio Nacional sobre la refundación del Salón de la Fama del Béisbol Cubano, nos detuvimos en el municipio matancero de Jagüey Grande, para que un colega recibiera atenciones en un policlínico de la localidad.

El viaje había sido demorado, pues desde que salimos de Holguín, íbamos recogiendo algunos peloteros del equipo Cuba que se concentrarían en el estadio Latinoamericano para su preparación final rumbo a los Centroamericanos de Veracruz, México.
Dentro de estos, el estelar jardinero de los Gallos de Sancti Spiritus, Frederich Cepeda, quien recién estaba acabado de llegar de su incursión en la Liga Japonesa de Béisbol.

Ya era casi media la media noche del jueves 6 de noviembre, y a la orilla de la carretera, próximo a unos árboles, Cepeda, con la caballerosidad que le caracteriza dentro y fuera de los terrenos de béisbol, entabló una amena e interesante plática con los colegas holguineros sobre como fue su experiencia en la tierra de Sol Naciente.

Dice Cepeda, que estaba en su casa en Sancti Spiritus cuando le avisaron que salía casi de inmediato para jugar en Japón. Ahí vendría todo el papeleo, como decimos en buen cubano, referido a la contratación, donde por cierto, son un montón que estipulan lo mas mínimo sobre el paso de un jugador por la pelota nipona.

Luego, pensé-continua diciendo Cepeda-debo ir al Banco Financiero Internacional para abrir una cuenta, pues lógicamente la contratación lo ameritaba debido a los 2 millones de dólares acordados con el club Gigantes de Yomiuri. Ahí me quedé como cuando te cantan el tercer strike, pues quien me atendió me comunicó muy amablemente que no podía tener cuenta allí porque era privilegio de personalidades, y por solo mencionar dos nombres me citó a Silvio y Pablo.

Ahí también comprendí, irónicamente, que mi carrera brillante, mis números fabulosos en la pelota cubana, mis actuaciones con el equipo Cuba, mi título Olímpico y otros más, todavía no me alcanzaban para convertirme en personalidad.

Inmediatamente, le comuniqué a Higinio Vélez, Presidente de la Federación Cubana de Béisbol, todo lo sucedido, y muy alarmado dijo se encargaría. Para cuando Higinio me llamó al día siguiente, ya yo había cerrado operaciones con otro banco, pues debía estar cuanto antes en Japón.

De allí, puedo decir que, realmente lo tienen to pensao, como la canción.
Cepeda cubaMás de 20 masajistas y médicos trabajando con el equipo. Desde que llegas temprano en la mañana a los entrenamientos, ya antes están ellos, listos para atenderte si solicitas masajes o compresas de hielo, pues el entrenamiento es con rigor.

El director del equipo tiene establecido una especie de juego de estímulo, donde si tu acción, tu desempeño en un momento determinado del choque es favorable a los objetivos del conjunto, recibes una especie de bonificación monetaria. En caso contrario, eres multado y debes pagar la cuota asignada, según criterio del director.

A veces tenemos una idea estereotipada de los japoneses. Es cierto de su constancia, su sacrificio, su disciplina para concretar metas, pero hoy en día están mas occidentalizados, por utilizar este termino.

Por ejemplo, si estás en el parqueo del estadio te percatas que van llegando los jugadores, cada quien en su auto bien moderno, en shores, en ocasiones medio rotos, en tenis o sandalias, desmangadas, y la gorra virada hacia un lado o hacia atrás, con lentes, y el pelo con pinchos y pintado. Nada que ver con la imagen que teníamos de antaño.

En Japón soy uno más de tantos. El club me paga la renta mensual de mi apartamento, pero todo lo demás va por mi bolsillo, y allí, te imaginaras, el nivel de vida es muy caro.

Vivo en el piso de arriba del pelotero camagüeyano Leslie Anderson, y ello nos ha permitido llevar una especie colaboración en cuanto al sistema de alimentación. En ocasiones hacemos las comidas de conjunto y así aminoramos gastos, en buen cubano.

Otra cosa. El club me paga el boleto aéreo, siempre en primera clase, pues no permite a sus jugadores volar en clase económica.

Mi contrato con el “Yomiuri” vence el día 30 de noviembre, Hasta esa fecha, aun me debo a ellos. En lo adelante, veremos entonces que pasa.

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