Los médicos cubanos y el equipaje de la discordia

22 Nov

IMG_20171122_114829[1] Hay una momento en la vida de un médico colaborador en que  casi deja de serlo para mutar a otra profesión. Esa estresante metamorfosis ocurre siempre en los días previos a su período de vacaciones,y el regreso junto a sus seres queridos allá en Cuba.

El agobiante trance puede durar semanas, incluso hasta   meses antes de poner un pie en el avión, como si alguien, o el destino movido por alguien, dijera “te vas de feria pero no te la voy a poner fácil, y antes te voy a exprimir, sólo un poquito más, el cerebro”.

Y es así que el médico, acorralado, presionado por ese “alguien”, comienza a ser un mutante, y además de pacientes agendados, embarazadas, niños y fichas digitadas, descubre su vocación oculta de físico-matemático, y sin olvidar las tabletas y jarabes, siente como ocupa un lugar primordial en su pensamiento los números y volúmenes: ha llegado el dulce trago amargo de armar el equipaje de la discordia.

Así, a punta de espada, nacen los émulos de Einsten, Pitágoras y Arquímides, desafiando toda ley física sobre espacio,  volúmen y peso específico, porque armar un equipaje para un médico colaboraor es mucho más que llenar maletas, es desafiar con milimétrica audacia todo lo que hasta hoy  conocemos en custiones de conceptos y teoremas.

Es entonces que en esos instantes de pura contradicción,  vuelve a la vida aquella sentencia contundente de Einsten, cuando en el éxtasis creativo revisaba algunos enunciados de otro grande, Issac Newton, y exclamaba, como quien profana la tumba de un amigo, “perdóname Newton”.

Calculadora, pesa  y cinta adhesiva en mano, es todo el instrumental que el médico necesita para demostrar cuanto más lejos se puede avanzar en la concreción de esa triada sorprendente que es peso-espacio-volumen.

Llega el parto complejo de las más ingeniosas ecuaciones para que un exceso de equipaje no lo parezca, y lo poco o mucho que tras meses distantes, de sacrificio y arduo trabajo; de asumir riesgos, y  que con toda dedicación  e ilusión quieren obesequiar a sus seres queridos, sólo sean 35 kg a la vista de los insensibles guardianes aduaneles.

Alguien con un poco de sentido común–que infelizmente a veces no es tan común– debería percatarse que el médico colaborador está sólo para generar mejores estándares de salud a la población, y si alguna preocupación adicional debe rondar su cabeza, es la de dejar atrás a sus seres más queridos, y no unos pocos kilos de sobrepeso en el ya  limitado equipaje.

Todo cuanto aportan y representan sus ingresos desde el punto de vista económico, bien merece un mayor respeto y consideración, y una postura menos ridícula y más flexible hacia ellos.

 

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